Un ave asomó su cabeza, un zorzal hambriento queriendo comer,
al pisar un charco se echó a volar...
El punto penoso, donde me doblo, donde me encuentro, está totalmente equivocado...
yo no puedo revertirme, ni enderezar mi piel,
las monedas ya no tienen dos caras
ni las lágrimas razones, que por razones ya me ahogué... en el agua me tumbé...
Un chirrido melancólico de violín, de intento fallido de cariños...
ensoñadoras horas me han cubierto de esperanza y yo dejo todo hasta aquí...
aquí decido no regresar, ni mirar atrás, aquí yo no respiro nunca más...
el triste violín en su solitaria promesa bailará por siempre jamas,
como la muerte en su letárgico pesar
He despertado con la ropa mojada, ropa de calle,
y no comprendo el sueño que tuve, estoy tragando mar, con sal en los oídos...
el agua permite poner los pies sobre la tierra..
como dejar a Icaro volar hasta el sol? quizás no podría ser de otra manera...
no permitirle a la pena su grito, es podrir el alma... convencerla con ideas que no son tales
amenazarla con ecuaciones mentales deshonestas... nada mas lejano a un espíritu dolido...
la simpleza del las cosas ya no está en sus ojos... pues yo me he matado...
y ya no puedo mirar.
Yo decido... mas sin decidir y con una obligación en la espalda, una vez mas,
todo río desemboca en el mar.
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