Firme la tierra tiembla, frágil es el equilibro o al menos lo que pensamos de él.
Los ciclos rutinarios enrojecen la sangre, algo así como enrabiarla... todo podría no ser más que un momento de expulsión, los juegos nunca terminarían.
Esto está preparado, las baterías marchamos para que los dioses sedientos limpien sus culpas, y nosotros experimentos fallidos, carecemos de voluntad.
Ahí, en el borde, en la punta de la ola es donde la vida se pone linda, al jugar con el peligro de la caída. Secretos lujuriosos adornan las sonrisas más condescendientes que he disfrutado, ¿como no querer lo oscuro en un mundo de sombras?
No me he quebrado, solo he reconocido qué había aquí... el avanzar diluye esas fantasías infantiles que nos asfixiaban con el gas del regocijo y la comodidad... más bien nada de eso ha sido cierto nunca.
Me encuentro enterrando a alguien, los ojos claros de aquella persona pueden volverte loco. En un mundo nuclear, la traición es casi como comprar un poco de felicidad.
Y si llegando a viejo, se me castigara, podré decir que es mi naturaleza...
la vida misma se ha convencido de mi verdad, para engañarme con ella una vez más.