siendo un niño miraba el cielo, hay quienes ya no creen que de allá vengan los gigantes, yo nunca dejé de creer...
Me gustaban los trencitos, adheridos a mis gustos gracias a mi padre... no hay nada más que el cariño para unir algo arbitrario a tu repisa de cosas favoritas... ¿qué cosa es acaso el "gustar"? Me he pasado años buscando la verdad detrás de las palabras... y ahora solo me cobija el desvelo que sentí alguna vez, solo en la inmensidad mas grande, la realidad mas falsas que he vivido, la obra mas larga que he tenido aguantar y aun siendo espectador...
Pero siempre hay alguien por ahí que te sigue mostrando el cielo...
y como no volverse loco, como no perder la senda, la huella, el suspiro último que te remonta a un buen momento... como dejar de evidenciar mentiras? ¿cómo no odiar?
Los grilletes han hecho heridas un tanto imperecederas, el paraíso se puso caprichoso...
yo olvidé que hay que cuidarse de la tormenta, pero mi espíritu está hecho para saltar a la deriva...
En días como hoy, recuerdas aquellos paisajes otoñales de la adolescencia y te vuelves a extraviar... en aquella época solo miraba con una mezcla extraña de curiosidad e indiferencia el final lejano de las calles... los vacíos domingos cambiaban los semáforos como si hubieran perdido la razón por la cual respiraban, pero siempre les llegaba el lunes... y hoy no... solo los veo cansados y viejos, los veo sin aire y mucho trabajo...
Es que nunca se contentarán, la vida terminará siendo un expulsar de inquietud... y el amor enajenado...
Me niego!
Hoy como nunca, quise masticarme los pomulos de pena, de llorar incanzable... el metro me miraba iracundo para resolver aquello... no lloré... no lloré... no lloré... y me gustaría perderme...
mastica angusita... vomita el aire... da vueltas mirando el cielo... pierde las piernas, que se diluyan tus manos... terminará saliendo el sol, aunque no quieras... aunque no quieras...