sábado, 8 de septiembre de 2012

Lo que nunca podré explicar... ni ahora

He mirado el patio de mi tiempo, de mis historias y como algunos dicen, de mi relato...
he estado vencido, victorioso, apacible y corriendo muy rápido...
me he defendido, me ha dolido, he embestido y gritado... he llorado con sangre y palabras desavenientes...
El impulso por besar la juventud completa, los años frescos y las flores excitadas... no he titubeado en aprender...
Hay una piel de serpiente que se deja atrás, ya no volverá cierta casualidad infantil, la ilusión de la nada ya se ha disparado al infinito, y con ello yo voy volando sobre las constelaciones que me dictan movimiento...

He conocido a Soledad cuando ella almorzaba, me dijo que esperara a un lado para que ella terminara,
las luces de la casa estaban venciendose, como si se hubiera acabado el dinero para pagar las cuentas...
y yo sentía melancolia por las goteras que se burlaban del hogar cansado...
Pero aun así sonreía, me hizo entender que aquí, en este rincon, yo iba a encontrarme...

Hay un coro de luces que me adivina el camino, al parecer saben algo de eso llamado destino...
si no lo escucho puedo mojarme en la salpicadura de la distracción, los cigarros rotos son dificiles de fumar
y la pelea que nunca atreví a hacer cuando pequeño me ha estado ganando...
Pero me he decidido a ascender, a remar contra la ola mas impetuosa que recorra los mares...

La busqueda nunca ha sido clara, pero si he tenido que nadar en barro, por lo menos la piel se limpia...
hay un respirar tranquilo de que todo saldrá bien... todo saldrá bien...


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