Cada alago recibido lo convertía en una verdad plana y seca... no eran sus capacidades sino la comparación con un tipo menos eficaz... ese tipo de respuestas comenzó a emitir, pensando que en algún punto lograría cierta pureza, la cual nadie nunca entendíó...
Bajaba más, a lugares donde se entendían solo los colores... nada más... veía hacia arriba del túnel por el cual bajaba, el rayo de luz que lo hipnotizaba le traía las voces de sus seres queridos, que desde lejos, sonaban asquerosos a sus oídos... un cinismo que el no podía levantar en sus brazos... reglas sociales que nunca comprendió como usar... y seguía bajando... escuchaba a su ex novia, y como alardeaba de sus amigas, y él sabía que todo aquello era mentira... recordaba la cara de sus amigos sinceros, y los echaba de menos... pero aun así ni ellos podían preocuparse de ser sinceros, de todas formas nadie quisiera bajar hasta tan repulsivas cloacas. Comenzó a sentir nauseas, vomitaba cada tres pasos, era angustia y soledad... si bien era muy doloroso ese lugar, su obsesión con la verdad y la no mentira le daban un sentido a todo ese sufrimiento... seguía, fue entendiendo que tenía que mentirse, que debía decirse a sí mismo que no quería estar ahí y que ansiaba un te quiero, alguien que le dijera que estaría siempre, era una sensación enfermante, respiraba su propia contradicción... se daba cuenta que era adicto a las mentiras, y que debía hacer algo al respecto.
Aquel hombre siguió bajando, cual drogadicto en síndrome de abstinencia... racionalmente entendía porque tenía que bajar, pero su sangre solo quería luz... nunca le enseñaron a querer, un paso atrás era mas sensato... y cuando dió ese paso adelante, se le quemaron las manos...
La soledad de aquel sótano lo hizo entender que mas que mentiras... hay ganas. Y sintió un aprecio por todos los que había dejado atrás... un aprecio bastante cínico claro está.
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